martes, 25 de octubre de 2011

Confusión

Cuando eres incapaz de cerrar cícrulos. Cuando por mucho que lo intentas te sientes vencida porque no lo consigues. Sientes rencor, rabia, odio, llanto... Y solo quieres gritar que no puedes, que estás asqueada, que lo único que te apetece es coger el primer avión que salga y desaparecer. Olvidar. Pero eso sería de cobardes y yo no me considero cobarde. Los problemas se afrontan y se quitan de en medio

La dificultad es cuando no sabes cual es el verdadero problema. El quiz de la cuestión. "¿Es realmente este el problema? No. Entonces, ¿qué es?" Y ese es el verdadero problema, que no sabes descubrir el por qué de todo o, simplemente no quieres hacerlo. Quizá saber el por qué no te hará feliz, quizá te duela más de lo que puedas soportar, pero ahí está y tienes que acabar con ello. Porque es la única forma de dejar de mirar hacia atrás y poder centrarte en el presente. Porque a lo que te dedicas ahora es a dar un paso hacia delante y dos atrás y, eso no sirve para nada

Así solo conseguirás seguir haciéndote daño y, lo más importante, a la gente de tu alrededor.  Contigo haz lo que quieras, si quieres ser masoca ¡adelante!, ¡sigue así!, vas por buen camino. Pero no a costa del sufrimiento de personas importantes. Los problemas se acaban  plantándoles cara, el caso está en tener la valentía de querer enfrentarlos. Y eso es lo realmente difícil...

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